Desde los inicios del internet y durante todo su proceso evolutivo hasta llegar a nuestros días, se han venido gestando cambios importantes y de gran impacto en la sociedad. En la medida en que las capacidades digitales han hecho posible la integración de infinidad de herramientas para el ciudadano, la sociedad en general ha sido beneficiada en su desarrollo, debido al enorme impulso obtenido con el surgimiento de las redes sociales, el comercio electrónico, los portales de información y muchas otras herramientas y tecnologías que han permitido el acceso universal al conocimiento y a la información, conformando así una sociedad evidentemente más informada e informatizada.

En el marco de estas realidades se hace necesario estudiar las posibilidades que este entorno ofrece a la ciudadanía mediante la “presencia y participación digital”, en la que el usuario/ciudadano es el centro y tiene a su disposición todas las herramientas para llevar a cabo las acciones que desee: crear una red social, un blog, una nueva herramienta, un nuevo servicio, generar una campaña de información, diseñar una nueva aplicación, entre muchas otras acciones. De igual forma, el mundo digital está revolucionando la manera en que las personas se pueden organizar y difundir causas. Un proyecto solidario puede lograr recaudar fondos a través de páginas de financiamiento colectivo, así como muchos mensajes ecológicos o sociales pueden lograr mayor alcance gracias a estos medios.

El ciudadano de esta década, al que llamaremos Ciudadano 4.0, se le podría equiparar casi completamente al concepto de Prosumidor, esbozado por Alvin Toffler en la década de los 80 en su libro “La tercera ola”; allí describe como en los años 80 las marcas concebían a los consumidores como masas homogéneas cuya función era consumir, por ello sus esfuerzos se centraban en la producción de nuevos bienes destinados a incentivar el consumo, más que a satisfacer necesidades. En un mercado dominado por pocas corporaciones, nadie se planteaba la posibilidad de que la audiencia pudiera tener voz y voto, y su papel era básicamente pasivo. A medida que el mercado fue creciendo y se generaron nuevas opciones, el poder el consumidor fue creciendo, y la necesidad de convencerles se convirtió en un imperativo para las marcas. En los últimos 20 años, con el advenimiento y potenciación de todo el “mundo digital”, así como la proliferación de las comunidades interactivas, las marcas vieron que no sólo debían convencer a los consumidores sino que, además, tenían que escucharlos; es allí donde nace el concepto de Prosumidor, fruto de la unión de los términos “Productor” y “Consumidor”. El prosumidor deja de ser un actor pasivo y pasa a convertirse en generador de contenidos y creador de ideas y opiniones que ejercen una poderosa influencia en la comunidad de compradores de una marca o un producto. Gracias al potencial de la viralización digital, el contenido se vuelve accesible y al alcance de todas aquellas personas que buscan información de referencia; esto unido al hecho de que el 78% de las personas confía en las recomendaciones de otros consumidores, ponen en evidencia el gran poder del prosumidor. En este contexto, se evidencia la importancia de que las marcas gestionen adecuadamente la información generada por los prosumidores y la utilicen adecuadamente en los procesos de toma de decisiones. En realidad, tienen dos opciones: ignorar lo que dicen y actuar a espaldas del mercado; o bien, tomar dicha información en consideración y ser capaces de anticiparse al mercado y/o responder a las nuevas necesidades.

Cuando analizamos al prosumidor desde su rol ciudadano, el Ciudadano 4.0, ya no es el individuo que espera únicamente un evento electoral para pronunciar su voz; ya no sólo participa en asociaciones, gremios, grupos de consumidores y ONG ´s para solicitar defensa de un derecho o apoyo a una minoría; es un ciudadano que quiere y pretende opinar a diario acerca del trámite que realizó o de la decisión que su alcalde, gobernador o presidente acaba de tomar, es un ciudadano empoderado y que sabe que puede y debe opinar, participar e incluso influenciar a otros para generar en la sociedad los cambios positivos que espera.

PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Al analizar los últimos 40 años de historia latinoamericana, se puede afirmar que impulsada por la participación ciudadana, la región ha sido testigo de transiciones de regímenes autoritarios a democracias; y desde comienzos de los noventa, la democracia electoral ha sido alcanzada en la mayor parte de la región. A pesar de ello, hoy en día aún existe una amplia molestia en los ciudadanos con relación a las responsabilidades políticas, la justicia social, la eficiencia gubernamental, la corrupción y la desigualdad.

En los últimos años y como consecuencia de este “malestar social”, en la región se han generado protestas políticas que han llamado la atención sobre múltiples deficiencias en las actuales administraciones. En la mayoría de los casos, los movimientos sociales han cuestionado tanto los caminos para definir políticas como las orientaciones y el giro que han tomado con relación a la oferta a los ciudadanos.

Desde que la democracia no sólo significa un simple sistema político donde el poder es logrado a través de elecciones sino que, además, incluye la necesidad real que tienen los gobiernos de rendir cuentas a su electorado, las tendencias globales se orientan a la importancia de la participación y de la deliberación como medios para exigir y comprometer a los gobiernos en dar respuesta a las preferencias ciudadanas y a sus intereses y de esta forma lograr una verdadera profundización de la democracia.

En 2002, Leonardo Avritzer en su libro “Democracy and the Public Space in Latin America” define la participación como “el creciente control ciudadano sobre el Estado y el perfeccionamiento de la capacidad de la gente por entender y decidir sobre los temas que le afectan en sus vidas”. El hecho de que estas iniciativas permitan la incorporación de los puntos de vista ciudadanos sobre las políticas, fomenten el mutuo respeto entre los participantes y finalmente mejoren la calidad de las decisiones tomadas a través del intercambio informado de opiniones, es una muestra clara y contundente del incremento de legitimidad de esa democracia.

En el año 1989 se generó en Porto Alegre, Brasil, un fenómeno de participación ciudadana que luego se extendió a muchas partes del mundo, el presupuesto participativo. Este concepto pretende empoderar al ciudadano a través del involucramiento directo en el proceso presupuestal institucional. En los primeros años logró extenderse ampliamente a lo largo de Brasil y muchos otros países de la región siguieron el ejemplo, cada uno con sus adecuaciones particulares; sin embargo, en muchos países vecinos, la debilidad institucional expresada en faltas de presupuesto, corrupción, inestabilidad política y muchas otras variables, han tendido a mermar la fuerza inicial con la que inició este proceso. Por otro lado, en Canadá y algunos países europeos han asumido este modelo como herramienta clave para involucrar aún más a sus comunidades en los procesos de gestión institucional, logrando establecer una sinergia robusta e interesante gobierno-ciudadano.

En este ejemplo se observa que las desigualdades y brechas socioeconómicas, así como las frágiles condiciones políticas y culturales pueden en algún momento solapar los beneficios de cualquier diseño institucional que busque promover la participación ciudadana. Resulta fundamental reconocer la importancia y la relevancia política que tiene la participación ciudadana, no por ello se deben adoptar fórmulas universales que prometan el logro de esta participación. Es vital reconocer que tanto la necesidad como la capacidad deliberativa de las instituciones estatales son altamente dependientes del contexto específico y son determinadas por variables tales como la alfabetización y la educación, el lenguaje compartido, el diseño del sistema electoral, la cultura política y más en general, de las estructuras e instituciones públicas.

Cuando hacemos el ejercicio de conectar los conceptos de participación ciudadana con los del ciudadano 4.0 descrito anteriormente, la imaginación y la creatividad emprenden un viaje de oportunidades infinitas en las que hoy en día, en medio de la cuarta revolución industrial, es posible tanto exigir a las instituciones públicas la incorporación de mayores mecanismos de participación, cómo desarrollarlos directamente desde los espacios propios de la sociedad civil y las tecnologías habilitantes de nuestra época.

Muchas veces seguramente hemos escuchado en cualquiera de nuestros países de Latinoamérica, que tenemos muy mala memoria política y por eso (entre muchas otras razones) tenemos los problemas estructurales y niveles de desarrollo actuales. Hoy te vamos a entregar el poder de cambiar esa situación, con un pequeño e interesante ejercicio de visualización: imagina por un momento que estás en el medio de las campañas políticas en tu país, para la elección de presidente de la república, alcaldes, gobernadores y legisladores en todos sus niveles. Hay muchísima euforia y conmoción, hay una gran polarización hacia los dos partidos principales; algunos otros movimientos han cobrado mucha fuerza por el cansancio generalizado de la población ante la falta de resultados de los gobiernos anteriores. Imagina que las campañas están llenas de contenido y tienes la oportunidad de evaluar múltiples propuestas, planes de gobierno, debates, publicidad y promesas de campaña en general; tienes el tiempo y los elementos necesarios para analizar diferencias, pros, contras y finalmente puedes tomar una decisión que te satisface para emitir tu voto el día de las elecciones. Que gran proceso.! Ha sido una demostración espectacular de democracia y participación ciudadana, sin duda alguna.! El país en general está de fiesta.!

Ahora imagina que ganaron los candidatos que seleccionaste y además de estar muy alegre y con una gran esperanza por el futuro próximo, sientes una gran necesidad de estar informado(a) de todas las actividades de este nuevo gobierno; pero ya no sólo el tipo de información tradicional a la que nos tenían acostumbrados los gobiernos anteriores, ahora quieres poder visualizar las acciones versus los planes y promesas electorales, evaluar su avance, presupuestos, eficiencia, tiempo y calidad de los resultados que se plasmaron durante la campaña y los siguientes que se actualizan cada año en los planes y presupuestos. En mi caso particular he visto cuatro gobiernos diferentes (de 5 años cada uno) realizar la misma promesa de campaña (pavimentar una calle, mejorar un servicio público o proveer unos recursos específicos) y luego de 20 años la situación aún no se resuelve; hoy me pregunto ¿he tenido el mecanismo para evaluar esos resultados y exigir su cumplimiento? ¿cada uno de los gobiernos destinó el presupuesto para solventar el problema? ¿cuándo escuché las campañas electorales había olvidado que ya me habían hecho esa misma promesa? ¿existe alguna forma de monitorear una necesidad hasta que finalmente se satisface a satisfacción?

Continua imaginando, tienes el poder y las herramientas para influir en el presupuesto de tu comunidad; se ha decidido utilizar la metodología de presupuesto participativo y desde tu casa, desde tu celular, puedes decidir si el parque se limpia y se riega 2, 3 ó 5 veces a las semana (y además entiendes lo que eso implica en costos); tienes la posibilidad de recomendar la ejecución de una obra para el desarrollo cultural en lugar de otra para el desarrollo tecnológico (y entiendes el impacto que esto implica) y al final puedes visualizar cómo la opinión de toda la comunidad genera en tu lugar de trabajo/residencia los cambios positivos que se esperan; puedes monitorear la ejecución de las obras presupuestadas y evaluar la calidad de las entregas, además de exigir que se cumplan los tiempos comprometidos por parte de las autoridades.

Finalmente imagina que algunas de las promesas electorales y planes de gobierno no han salido del todo bien y otros no fueron cumplidos, ya estás acostumbrado(a) a eso, el único detalle es que ahora no lo tienes que imaginar, incluso ni siquiera debes hacer algún esfuerzo por recordar lo que finalmente se hizo o se dejó de hacer durante el período, ¿por qué? Porque ahora tienes toda la información disponible de una manera sencilla, integrada, fácil de utilizar y compartir con tus amigos, familiares, compañeros de trabajo o del equipo deportivo, la información está allí, los datos de toda la gestión te permiten guiar con precisión cualquier decisión que ahora quieras tomar. ¿te parece un sueño? ¿es posible esta situación en Latinoamérica? La respuesta sin duda alguna es: sí es posible, hoy no es un sueño inalcanzable.

El ciudadano 4.0 de nuestros países ya está preparado para asumir este reto. Por supuesto, no toda la población está lista, hay que seguir realizando esfuerzos de integración, educación y participación para garantizar que estos relatos no sean sólo una historia y se conviertan en nuestra realidad en muy corto plazo. Las herramientas tecnológicas ya existen y en muchos países desarrollados parte de esta narración se vive de forma cotidiana; la integración de redes sociales, inteligencia artificial, social listening, big data, machine learning, internet de las cosas y muchas otras herramientas actuales ha hecho posible que gobiernos den el paso adelante y puedan ofrecer a sus ciudadanos estas facilidades producto de las tecnologías disponibles actualmente.

Los conceptos de la Política Pública 4.0 siguen en desarrollo y evolución; es necesario que como sociedad continuemos ejerciendo un rol activo que habilite el impulso y la mejora de todas estas prácticas en nuestros países.

Autores: Henry Rodríguez y Simón Rausseo

Cavecom-e y Bam-Mentor