Uno de los fenómenos interesantes que ocurre a menudo en familias, comercios, empresas y especialmente en instituciones públicas es la subvaloración de los estudios formales y la profesionalización o dicho de otra manera, el pensar que algunas áreas de conocimientos, por estar en nuestras conversaciones cotidianas, son del dominio experto de cualquier persona sin los debidos estudios o certificados profesionales; especialmente en esta época en medio de la cuarta revolución industrial, en un mundo sumergido en temas digitales, es común encontrarnos personas que por ejemplo, al disponer de un teléfono inteligente y conocer algunas de sus funcionalidades especiales, se asumen expertos tecnológicos. Y no sólo pasa en esta área, hoy el conocimiento es abierto, libre, está disponible a través de casi cualquier dispositivo; hoy recibimos un examen médico y en 2 minutos nos hacemos un autodiagnóstico por internet en función de los resultados obtenidos; en este momento es cada vez más común sentirnos “empoderados” a partir del conocimiento general disponible.

Hoy en día, tenemos la posibilidad de comprar casi cualquier tecnología, sin embargo, la capacidad de adaptarnos a un futuro aún más digital depende del desarrollo y la generación de habilidades propias para conocerlas y dominarlas, de esta forma se pueden ir cerrando las brechas entre el alcance de la tecnología y el talento que tenemos para manejarla y sacar el mayor provecho de ella

Entonces, ¿Cómo deben responder las instituciones públicas a las necesidades actuales?, la profesionalización del servidor público es sin duda alguna, hoy más que nunca, uno de los elementos clave dentro de esta ecuación.

 

EL TALENTO O LA TECNOLOGÍA

Necesitamos líderes que entiendan ¿en qué nivel tecnológico se encuentra su institución? ¿qué se necesita para avanzar? Se necesitan líderes formados y con conocimientos de las tecnologías actuales, pero además con conocimientos de gestión, procesos y proyectos. Necesitamos líderes que construyan equipo, que fomenten las buenas prácticas y la eficiencia dentro cada una de las áreas de la organización.

La creciente demanda de eficacia en la gestión de las políticas públicas en la realidad actual, hace urgente la necesidad de contar con una caracterización tecno política de un nuevo Estado cuasi tecnológico, que haya tomado conciencia de que no es suficiente producir “leyes, decretos, normas y proyectos” bien administrados, si no se logra una mejora apreciable y evidente en las condiciones y priorización de la función política que procure bienestar a la ciudadanía mediante el uso intensivo de la tecnología.

Ahora bien, nuestra principal mirada para la cuarta revolución tecnológica debe ser muy clara y contundente: si bien el futuro es más incierto que nunca, por el fenómeno del COVID-19 y otros elementos similares que puedan surgir, estamos convencidos que una apuesta fundamental y necesaria en el futuro próximo es enfocarse en “capacitar y empoderar a las personas e instituciones públicas para que estén realmente preparadas y habilitadas para adaptarse al cambio”, de la misma forma que nuestros esfuerzos pasados nos han permitido adaptarnos a nuestro mundo actual, más digital y virtual.

LA ERA DE LOS DATOS.

 

Gran parte de la discusión actual sobre la necesaria transformación digital, se centra en los datos, estos son sin duda el principal eje diferenciador para proteger y erigir la administración pública en el futuro; de igual forma, el fenómeno de los datos representa una ventaja competitiva mucho mayor cuando logramos traducir y valorar su verdadero impacto. Las administraciones públicas deben dejar atrás los modelos tradicionales orientados a capacitar en estas áreas de valor estratégico sólo al departamento de sistemas y su personal, así como, erradicar el miedo de formar a empleados de otras áreas en habilidades tecnológicas que les habiliten para traducir esos datos en ideas significativas, y sobre todo, poder actuar sobre esas ideas de manera más rápida que los propios ingenieros de sistemas y/o empleados tecnológicos.

Los datos realmente son mucho más que el oxígeno o el combustible necesario para lograr un verdadero proceso de transformación digital 4.0; y eso es algo que las administraciones públicas no pueden comprarlo u obtenerlo contratando un científico de datos, simplemente lo cultivas en tu equipo, lo nutres y lo aprovechas con tiempo, y sobre todo con liderazgo.

Google, Amazon, Facebook y muchas otras organizaciones innovadoras, no se centran en la capacidad o el conocimiento de sus científicos de datos, o en la funcionalidad real de su tecnología, sino que han desarrollado poderosas culturas centradas en el análisis e interpretación de datos de manera disruptiva.

 

TECNOLOGÍA Y DEMOCRACIA

Actualmente pocos países tienen una plataforma científica y tecno política que acompañe el proceso de formación de las políticas públicas del gobierno central a nivel de: formulación, seguimiento, evaluación y control. Un país que se autodefina como un nuevo modelo de organización social que impacte verdaderamente a la ciudadanía y se acerque más a las prioridades sociales, económicas, ambientales y del entorno, tendrá el desafío de caracterizar políticas públicas 4.0, en un entorno dinámico, cambiante y más cercano al ciudadano.

Para lograr estos resultados, erigir la plataforma de transición, aminorar la brecha ya existente y contribuir a delinear un modelo de transformación digital, es necesario implementar importantes reformas en las instituciones del Estado y generar la evidencia real del impacto de sus políticas públicas en la ciudadanía. Estos planteamientos tienen el gran desafío de enfrentar dificultades tecnológicas y políticas, pero la mayor dificultad consiste en resolver ambas simultáneamente ya que los procedimientos científicos y métodos democráticos discurren en yuxtaposiciones con distintos objetivos y fines. El análisis económico busca soluciones óptimas que difícilmente serán realizables, mientras que los métodos democráticos buscan soluciones de compromisos partidarios, coyunturales o estructurales, que difícilmente serán óptimas. Sin embargo, la tecnología, busca la transformación del ser social a un ser digital, y esto levanta profundas incertidumbres sobre sus consecuencias a futuro.

 

PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN:

  1. ¿Tenemos los profesionales que requerimos hoy en día en la administración pública?
  2. Cómo ciudadano, ¿hago uso de las facilidades y mejoras que la administración pública me ofrece?
  3. Cómo sociedad, ¿tenemos los canales para realizar auditorías sociales y contribuir a la mejora de las instituciones?
  4. Cómo servidor público, ¿estoy en la búsqueda constante de mejorar y profesionalizar mi labor?

 

Henry Rodríguez y Simón Rausseo

BAM-Mentor / Cavecom-e